Escenas-Pre Zizek Club por Villa Diamante (registro de escenas musicales subterraneas)

Estoy casi seguro que cada vez que alguien que vivió de cerca el génesis y crecimiento de alguna escena musical actual cierra la última página de uno de los grandes best sellers que se refieren a historia de la música, como por ejemplo el libro “Energy Flash” de Simon Reynolds, no puede evitar de pensar: “tengo que escribir un libro como este”.
Sin embargo, hacer un libro de no es cualquier cosa. Requiere mucha investigación, infinidad de datos, entrevistas y, en gran parte, que quien lo escriba se sienta con la autoridad moral para bajar una información que de alguna manera pertenece a todo un medio.
Como estos requerimientos ponen la frontera muy alto, lo cierto es que los libros o desarrollos en texto que cuenten lo que ocurre o ha ocurrido en las escenas más pequeñas, como muchas que gravitan alrededor de Cassette Blog, escasean más de lo que nos gustaría.
Por esto decidimos crear una nueva sección en la que mes a mes invitaremos a algún personaje clave de las diversas escenas que cubrimos en Cassette para que nos comparta un recuento breve e informal sobre su experiencia, o su punto de vista, de lo que para ellos es fundamental de su mundo y vivencia, esos puntos especiales que vuelven su experiencia algo único e importante de contar.
De esta manera, nadie se tiene que preocupar demasiado en escribir un libro grande, minucioso y preciso. Mejor aún, a ese libro imaginario lo podemos ir escribiendo entre todos poco a poco, de una manera bastante bootleg y copyleft, en donde además de documentar todas estas historias sobre música se llegue a transmitir el sentimiento de “a pie”, lo que fue el haber vivido esos momentos en carne propia por estos potentes autores.
Para inaugurar el ciclo, tenemos el gusto de contar con un texto de Diego Bulacio aka Villa Diamante, pieza clave en la escena del global bass / Latin Bass / Folktronica actual, por su papel en la fundación y promoción de ZZK Records / Zizek Club, así como por su trabajo posterior como un incansable agitador de cultura tanto en lo tropical como en lo freestyle, el rap y mil conceptos más.
El texto que nos presenta es muy especial. Habla sobre la noche en la que tanto él como sus amigos visitaron la “Festicumex 2”, ciclo de fiestas dedicadas a la cumbia experimental con gen concretamente punk y rupturista que organizaba Dick el Demasiado en Argentina alrededor del año 2003. Una noche que sin querer y sin saberlo reunió a varios de los artistas que después se convertirían en los grandes héroes de ZZK Records y de la escena global bass argentina que resonó en el exterior.
Así que sin más, les presentamos el primer texto de nuestra sección “Escenas” (por Pablo Borchi)
Pre Zizek Club / Por Diego Bulacio aka Villa Diamante
Fue hace mucho tiempo, no recuerdo datos duros de esa época, pero Google ayuda a aclarar algunas ideas y darle contexto a un conjunto de sensaciones que me quedaron de esa noche.
Buenos Aires, Abril, año 2004, en el Hotel Bauen (1), que recientemente había sido recuperado por sus trabajadores. Mis amigos y yo estábamos en una rara etapa en la cual experimentamos con diferentes estímulos, siempre combinando las drogas y el baile.
Íbamos temprano al baño de Big One, donde entrabamos gratis, a comprar sales de anfetaminas, y una vez hecha la transacción nos íbamos rápido a algún club más under a bailar la música de artistas como Gustavo Lamas o los DJs Pareja.
Había descubierto el baile hacía poco tiempo. Antes estaba mucho más cerca del rock en sus diferentes expresiones, donde el pogo estaba bien y el baile estaba mal.
Algunos meses después me convertiría en DJ, pero en ese momento trabajaba en una casa ilegal de venta de dólares en Ituzaingó. Era un arbolito calificado que de pura casualidad cayó ahí. Podía cobrar un sueldo mensual, no como la mayoría de mis amigos que estaban desempleados, viendo cómo subsistir en una época en la que la clase media estaba tirada abajo y cada vez más pobre.
El segundo “Festicumex” (2) se anunciaba como un festival de cumbia experimental bajo lemas como “Dónde Cumbia Experimental suena como un “porque, eso, solo ahora?”, y cerraba con “No seas flan, vení!!”.
Entramos al Bauen al “Festicumex 2” con olor a paraguayo (2) en la ropa, el que habíamos fumado entre varios en el mono ambiente de una amiga que vivía cerca. La sensación de Salón de Fiesta de hotel venido a menos daba el marco, con un escenario y una producción “Todo X 2$”, lejos del profesionalismo y la parafernalia fluo raver que se podía ver en otras fiestas, daba a todo una sensación a punk rock tropical.
En “Festicumex” el mejor cotillón eran las personas, arriba y abajo del escenario, con aires de artistas sacados del Borda (un Hospital psiquiátrico), entre hippies con traje, yonkis, poetas, chicas lindas buscando cumbia (la palabra siempre fue un buen engaña pichanga). Tal vez lo raro no era cada uno de los personajes, sino ver la combinación de todas esas personas de diferentes estilos mezcladas, esperando expectantes a que se cumplan sus deseos.
Con los ojos chinos de tanto prensado asesino atiné a acercarme al escenario, y con los parlantes muy cerca vi subir a un rubio alto con un ojo estrábico que entre gritos primales se zamarreaba al ritmo de una cumbia entrecortada, en algo que era casi un cambio de dial entre FMs del conurbano. Era él, Dick el Demasiado, vestido con un conjunto negro de esqueleto como el malo de Karate Kid, o como Donnie Darko en el final de la película, pero bastante más adulto, con aires de ser parte la de nobleza holandesa.
Dick, junto con Sonido Martinez y seguramente varios más, eran los organizadores del “Festicumex”, festival donde se reunía toda una escena desconocida para mí en esos momentos. Eran parte de eso personas como el productor electrónico Marcelo Fabián, que mezclaba minimal techno, dub, Sandro, Los 5 Latinos y cumbia, todo con un toque de elegancia algo europea; Fantasma, una banda de cumbia villera sobre la cual rapeaba El Negro Gran Faso y La Fantasy bailaba de forma excesivamente sensual, mientras se peleaba por ganar protagonismo con líder de la banda, el Fanta. Durante el show Fanta la bajaba del escenario y ella volvía a subir una y otra vez para terminar haciéndole un felatio al micrófono mientras sonaba una cumbia arrastrada con sintetizadores chillones.
En la noche pasaron por el escenario artistas como Mariana la Despaciada, Aroldo Puteador Rodriguez, Pañal Adulto y unos particulares Dead Menems (sin duda de los mejores cover names de la historia haciendo referencia a Dead Kennedys) que con hits como “El Gordo Droga” o “El Talibán Del Amor” conquistaron a la audiencia a puro acople y distorsión cumbiera.
Entre toda la parafernalia cumbiera extraterrestre, entre banda y banda, sonaba un dj, pasando cumbia más tradicional, pero igual de extraña, como venida de los recovecos más inhóspitos de una Latinoamérica aún desconocida.
Mi consumo cumbiero hasta ese día era muy dispar y siempre pasivo. Escuchaba cumbia villera, romántica, o noventera. Pero Sonido Martínez, el DJ del “Festicumex”, pasaba vinilos simples de 7 pulgadas que sonaban mal, que tenían esa característica fritura de la fricción de la púa. Pero el sonido no importaba. El se explayaba por una cantidad de cumbias latinoamericanas con letras risueñas o dolidas, desesperadas o borrachas, que luego llegaría a entender: Chicha Peruana, Cumbia Colombiana, Sonidero Mexicano, Cumbia Santafesina y demás variables que en cada país, en cada región, da como resultado un género tan amplio y bello como lo es la cumbia en este continente.
Seguramente no eran las mejores bandas que había visto, ni los más virtuosos artistas, pero lograron generar un click en la cabeza de muchos de los asistentes. De golpe la cumbia podía ser otra cosa más allá de lo que conocíamos, podía resultar experimental y ruidosa, electrónica, minimalista y elegante. Podía recorrer miles de kilómetros dentro del continente americano, de la selva a la montaña, de lo urbano a lo rural. La cumbia podía ser bizarra o rapeada. Después de esa noche la cumbia cambió para mí para siempre, ya no era algo estructurado, sino que era libertad total.
Y no estaba solo: entre el público del segundo “Festicumex”, sin conocernos todavía, estaban Grant Dull y Guillermo Canale, con los cuales un par de años después fundaríamos ZIZEK Urban Beats Club.
En esa fiesta también estaban Pedro Canale, que luego sería más conocido como Chancha Vía Circuito; Gaby Kerpel, antes de su alter ego King Coya; Andrés Schteingart, que dejaría de llamarse Drole para darse el mote de El Remolón, y seguro algunas personas que pronto asumirían sus roles de superhéroes para la pista de baile.
Para cerrar, invito a que aquellos lectores que fueron a ese Festicumex POR FAVOR cuenten su experiencia en los comments.
(1) El Hotel Bauen fue recuperado en 2003 por sus trabajadores. Fue un punto fuerte después de la crisis del 2001 para ver la acción de los trabajadores recuperando fábricas que habían cerrado. Se encuentra a sólo 20 metros de una de las principales esquinas porteñas (Avenida Callao y Corrientes) y a solo 4 cuadras del Congreso de la Nación Argentina.
(2) En Argentina se le dice Paragua o Paraguayo a la marihuana de baja calidad, prensada que llega desde el país vecino. Hay muchas historias sobre cómo le ponen lavandina, pis o demás aditivos no muy saludables para incrementar su volumen y que así resulte más rentable su venta.
(3) Dicen que nunca existió El “Festicumex 1”, y que el “Festicumex” que vino después de el del Hotel Bauen fue en La Paternal y sólo quedó como leyenda, salvo por un video de youtube donde una monja embarazada baila bajo el escenario una cumbia con aire de música industrial (por Diego Bulacio aka Villa Diamante)

http://www.canalcumex.com/festicumex03/

http://www.canalcumex.com/data/dickeldemasiado/prensa/festicumex3/julianaperiodista_com_ar/eventosfesticumex2.html

Escenas-Pre Zizek Club por Villa Diamante (texto completo en PDF castellano e inglés)

Cassette Blog Escenas – 201701 CBE 01
Traducción al inglés por Pablo Borchi.

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